miércoles, 26 de marzo de 2008

Directo al subconsciente




ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS MENSAJES SUBLIMINALES DENTRO DE LA PUBLICIDAD


Existen estímulos que penetran en nuestro interior discretamente, de modo que no se puede percibir y se albergan allí a pesar de su operante insignificación para introducirnos en la temática de la publicidad hay que referirse a estos estímulos encontrados en carteles de vivos colores, comerciales, etc.


La primera mención registrada sobre la percepción sub-liminal podría ser la realizada por Demócrito, quien sostuvo que: "Mucho de lo perceptible no es percibido por nosotros"; Platón hablo de esta noción en su escrito "Timeo"; Aristóteles explicó de modo mas detallado los umbrales de la conciencia sub-liminal de su "Perva Naturalia" hace casi 2 mil años, y parece ser el primero en sugerir que los estímulos no percibidos de modo consciente bien podrían afectar los sueños. Hace 2250 años Aristóteles explicó en su teoría del sueño que: "Si los impulsos que tienen lugar durante el día no son demasiado fuertes y poderosos pasan inadvertidos debido a impulsos altamente despiertos".


El filosofo Montaigne se refirió a dicho fenómeno de la percepción sub-liminal en 1580. En 1698 Leibniz también propuso la noción que dice: existen innumerables percepciones prácticamente inadvertidas, que son distinguidas lo suficiente como para percibirlas a reconocerlas, pero que se vuelven obvias a través de ciertas consecuencias.


En 1919 Poetzle estableció con firmeza una relación entre los estímulos sub-liminales, la sugestión poshipnotica y la neurosis compulsiva. Un individuo realizó los actos que se le han indicado o programado para que haga sin ningún conocimiento de porque esta haciendo dichas cosas. La relación entre los estímulos sub-liminales y las sugestiones poshipnoticas es demasiado importante.


Los experimentos iniciales de percepción sub-liminal inducido de manera mecánica se basaron en el taquistoscopio que consiste simplemente de un proyecto de películas con un disparador de alta velocidad el cual envía mensajes cada cinco minutos 1/3000 de segundo.


En el otoño de 1957 james Vicory llevo a cabo un experimento en los Estados Unidos para averiguar el poder de manipulación del método publicitario, durante la proyección de una película aparecía un fotograma con el siguiente mensaje: "tienes hambre come palomitas tienes sed toma coca-cola". El resultado fue asombroso la venta de palomitas se incremento en un 57.7%, mientras la bebida tan solo 18.1%. El escaso aumento de la bebida, los llevo a investigar mas a fondo, descubriendo que en los dos días del experimento se daban bajas temperaturas que de todas maneras no fueron suficientes para que un 18.1% fuera manipulado sin saberlo.


La publicidad de un producto persigue que el mensaje publicitario siga un objetivo: la venta del producto y crear un deseo de adquisición mediante la elaboración de un mensaje-estimulo. Este mensaje no deberá ser negativo, porque seria muy obvio, sino deberá ser ambivalente, es decir podrá hacer surgir efectos encontrados u opuestos. En la medida en que la venta de un producto desaparece como finalidad especifica, es conveniente sustituir el termino publicidad por el de propaganda, en el cual el promotor se encuentra discretamente oculto, al contrario que en la publicidad, donde se afirma como tal.



DISTINTOS CANALES POR DONDE PUEDEN LLEGAR LOS MENSAJES SUB-LIMINALES: VISUALES Y AUDITIVOS.


Los mensajes sub-liminales pueden llegar por distintos canales: "Visuales y auditivos". La influencia de los medios masivos de comunicación como radio, televisión, periódicos y revistas, promueve e incrementa el consumo de todo tipo de recursos.


La capacidad de alcance de estos medios permite que programas, información, noticias y publicidad lleguen hasta lugares más lejanos, de tal manera que es posible encontrar en poblaciones remotas refrescos de cola así como televisiones, los cuales se convierten en la aspiración básica de una familia; lamentablemente, muchos fabricantes han distorsionado la función social de los medios, que es informar, y las utilizan para manipular nuestras creencias; la televisión, la radio y los medios impresos son un elemento clave para atrapar a millones de consumidores.


Actualmente, poderosas empresas buscan invertir y determinar el contenido de los programas de televisión. Tabacaleras y otras ramas industriales se han adueñado de numerosas películas y telenovelas en los que, mediante un pago, se incluyen visualmente las marcas de sus productos. Así, los anuncios dejan de ser tales y se incrustan en el contenido mismo de la trama, o se disfrazan como notas informativas o reportajes.


Esta situación provoca daños incalculables a la salud pública y la salud mental y, por supuesto, al sano desarrollo de las facultades humanas, por ejemplo, los anuncios en la televisión, con cortes cada dos o cada cinco minutos, que hacen de los programas y películas un proceso enloquecedor. Las personas pierden su capacidad de atención, se muestran incapaces de concentrarse y más tarde resienten estados de angustia, irritabilidad e impaciencia, lo que deteriora su vida y sus relaciones familiares.


En la radio pueden emitirse hasta 40 minutos de anuncios por hora de emisión; las ediciones dominicales de algunos periódicos incluyen páginas completas de anuncios, y la mayoría de las revistas dedicadas a mujeres pueden contener hasta ¾ partes de las páginas sólo de anuncios.



CANAL QUE EJERCE MAYOR INFLUENCIA EN LA SOCIEDAD.


Aunque pueda parecer que los canales visuales ejercen una mayor influencia que los canales auditivos, es lo contrario, las pruebas que se llevaron acabo en éste sentido demostraron que los sub-liminales sonoros afectan más a la sociedad.


En el ámbito visual, lo sub-liminal no siempre está oculto en una forma tan pequeña, que es imposible verla a simple vista; si no que muchas veces, éste ocupa una parte importante del anuncio. Existen muchos casos en lo que los sub-liminal es un mensaje que se descubre al analizar con detenimiento el anuncio.


A nivel sonoro lo sub-liminal está oculto en canciones ó música de los supermercados, los cuales se pueden llevar a cabo fácilmente, tan solo se tiene que grabar un mensaje a un bajo nivel sonoro y luego mezclarlo con otros sonidos, de esta manera se sabe que por ejemplo en algunas oficinas se tienen ocultos mensajes del tipo "Que feliz soy trabajando", "Que suerte tengo de tener este trabajo", etc. en la música que se puede escuchar a través de los altavoces.


Ética


Existe mucha controversia en relación al uso de técnicas subliminales en el comercio o en la política. En el caso de cintas para auto-ayuda, que no son ilegales, la aceptación es mayor. Es necesario esclarecer que los mensajes subliminales influencian el pensamiento del individuo, aún cuando no siempre influencian su comportamiento, o acción. En el caso del mensaje "compre", la persona puede sentir el deseo de comprar la mercadería, sin embargo, otros factores pueden influir en la decisión final (falta de dinero, otras prioridades, etc.).


En casos de tratamientos o de auto-ayuda, el mensaje subliminal puede ser benéfico y más eficiente que simplemente oír una cinta conscientemente. Existe un gran mercado de casetes que prometen ayuda para dejar de fumar, adelgazar, aumentar la autoestima, desarrollar la memoria, jugar mejor a golf, mejorar las habilidades sexuales... En estas cintas se escucha música o sonidos relajantes (olas de mar), pero de forma subliminal contienen mensajes del tipo "no fumaré más" "no me gusta el tabaco" "fumar es perjudicial". Sin embargo, existen investigaciones en las que se han realizado análisis espectrográficos de algunas de estas cintas en las que se concluye que no contienen tipo alguno de mensaje subliminal y que, por tanto, en algunos casos, son una pura farsa.


Eficacia


Estudio tras estudio muestra marcadas controversias en cuanto a la eficacia de lo subliminal. Por un lado, se nos dan estadísticas y porcentajes que demuestran la efectividad de la publicidad subliminal y por el otro, se nos habla de investigaciones de carácter experimental que demuestran lo poco efectivo de esos mensajes.


La gran utilización de estímulos subliminales es innegable, pero ¿realmente producen algún efecto? ¿Podemos ser manipulados por este tipo de estimulación subliminal? Para contestar a estas preguntas debemos, en primer lugar, diferenciar entre clases de estímulo subliminal puesto que podría ser que unos fueran eficaces mientras otros no produjeran efecto alguno.


A pesar del notable uso que se hace tanto de los estímulos camuflados en los anuncios como de los auditivos, sobre todo en casetes de autoayuda, la mayoría de estudios realizados para comprobar los posibles efectos de ambas clases de estímulo no son concluyentes.


Parece ser que los estímulos de corta duración no tienen solamente un efecto en la percepción consciente, sino también sobre las emociones. Un estudio realizado en la Universidad de Miami (EE.UU.) lo muestra con claridad.


En esta investigación tres grupos de sujetos debían visualizar una película donde había imágenes subliminales insertadas, que eran diferentes en los tres grupos. Estas podían ser emocionalmente neutras, desagradables (accidentes sangrientos, monstruos, etc.) o agradables (Bugs Bunny, Mickey Mouse o similares). Una vez visualizada la película se distribuyeron cuestionarios de ansiedad a los tres grupos.


El que puntuó más alto en estos cuestionarios, o sea, el más ansioso, fue el que estuvo expuesto a imágenes subliminales desagradables, seguido por el grupo de imágenes neutras y el más tranquilo fue el expuesto a imágenes positivas. Esta investigación, junto a muchas otras, parece mostrar que estos estímulos de corta duración sí parecen tener un efecto sobre las emociones.


Ahora bien, la mayoría de las personas reacciona emocionalmente, sin usar la lógica o el pensamiento consciente para racionalizar un mensaje. Los mensajes que penetran directamente en el subconsciente poseen un efecto más fuerte que los que son presentados al consciente.


Los mensajes subliminales actúan sobre el cerebro emocional de las personas y sus instintos básicos.


Los mensajes subliminales pueden manipular la mente de una persona sin que tenga consciencia de ello, convirtiéndola en un robot. En un principio, la sensación de que nadie podía evitar ser víctima de estos mensajes, dado que no era posible captarlos, generó un gran sentimiento de indefensión. No es de extrañar, pues, que se creara un profundo rechazo hacia todo lo subliminal y que se redactaran leyes para su prohibición


Esto no evitó en lo más mínimo las utilización de mensajes subliminales. Muy al contrario, empezaron a emplearse cada vez más, sobre todo con fines publicitarios, alarmando grandemente a la sociedad.


En el Instituto Pro Conciencia se piensa que estos estímulos deben tener algún efecto sobre el comportamiento humano pues es ilógico pensar que los encargados de mercadear un producto estén pagando por una forma de publicidad que no funciona y basados en esa premisa, se puede establecer una posición equilibrada: los mensajes subliminales no determinan el comportamiento del consumidor... pero lo pueden influenciar. Cuánto puedan influenciar va a depender de cada uno de nosotros: a mayor conciencia menor posibilidad de manipulación.


miércoles, 5 de marzo de 2008

la cólera irresistible nos devuelve a las estructuras arcaicas del cerebro





¿Qué causa la agresividad?


El análisis de la agresividad en los animales revela una serie de condiciones básicas por las que más o menos todas las especies, pero especialmente las situadas hacia el extremo más elevado de la escala evolutiva, recurren a infligir heridas y muerte a otras especies o incluso a miembros de la propia especie. La conducta de depredación para el propio sustento es la causa más obvia de la conducta destructivo hacia otras especies. También instiga violencia la obtención de un territorio que proporcione las condiciones necesarias para la subsistencia. En términos generales, estas situaciones se traducen en agresión por alimento y abrigo en beneficio de la supervivencia. La agresividad dentro de una misma es­pecie sirve para los mismos fines en situaciones de escasez de recursos.


Adicionalmente, la agresión dentro de la especie persigue fines reproductivos, como en las luchas entre machos por el acceso a hembras sexualmente receptivas. Este tipo de agresión puede considerarse dirigi­do a la preservación de la especie. Generalmente se acepta, no obstante, que a diferencia de la agresión de la depredación, el objeto de la agresi­vidad dentro de una especie no es provocar heridas o muerte, sino indu­cir a los rivales a ceder en la competencia por los recursos.


¿Y en el caso de los humanos? ¿Se producen agresiones en las mis­mas circunstancias? Algunos estudiosos sugieren que las condiciones que provocan la agresividad son esencialmente las mismas para todas las especies y que no hay nada especial en la agresividad de los humanos. Al fin y al cabo, los humanos comúnmente matan a otras especies para ali mentarse, entablan guerras por el control del territorio, infligen heridas y muerte a otras personas para hacerse con sus objetos de valor y recurren a la violencia para defender lo que estiman y quieren. A menudo, la riva­lidad sexual también conduce a la brutalidad. Los humanos, como tantas otras especies, están dispuestos a utilizar la fuerza para conseguir lo que desean.


Otros estudiosos creen que estas analogías son insuficientes, y llaman la atención sobre la evolución del neocórtex humano y sobre el he­cho de que nuestra capacidad mental supera ampliamente la de cualquier otra especie. La reflexión moral -la capacidad de juzgar lo que es bue­no y justo en cada circunstancia- y el control volitivo en este caso la capacidad de controlar las acciones propias de acuerdo con nuestra eva­luación moral- son los protagonistas de estas teorías. Quienes las defienden aceptan la existencia de impulsos agresivos arcaicos, pero creen que, por regla general, la racionalidad es capaz de controlarlos. Por consiguiente, sostienen que es poco o nada lo que podemos aprender indagando en la división entre lo humano y lo animal.
Personalmente, nú posición es integradora: reconozco tanto nuestra antigua herencia evolutiva como la comparativamente reciente expansión de nuestras facultades cognitivas.


Se acepta generalmente que el cerebro evolucionó a partir de un núcleo reptiliano, envuelto después por el sistema límbico, una serie de estructuras que apareció con los paleomamíferos y que fueron, a su vez, encapsuladas por el neocórtex, una estructura originada en los neomamíferos. A pesar del desarrollo de un neocórtex especialmente grande, nues­tro cerebro ha conservado la estructura tripartita que integra las estructu­ras aparecidas con anterioridad durante la evolución. Lo que es más importante, estas estructuras continúan ejerciendo su influencia sobre todas las conductas vitales de los humanos tal como lo han hecho durante miles de años.


El sistema límbico controla todas las emociones humanas, y la amígdala, una de las partes de este sistema, se ha revelado como la más importante de las estructuras en el control de la agresividad. Esta estructu­ra participa en la inspección del entorno en busca de indicaciones de peligro y, cuando éste se presenta, se encarga de iniciar los procesos endocrinos que nos ayudan a enfrentamos físicamente al peligro con eficacia.


Para enfrentarse a un amenaza inmediata de peligro, un individuo precisa un aporte instantáneo de energía que le permita realizar acciones vigorosas, principalmente evitar la amenaza atacando o eludirla retirán­dose velozmente. La energía necesaria se hace disponible por mediación de la liberación sistémica de, sobre todo, hormonas adrenales que estimulan el sistema nervioso simpático gracias sobre todo al aporte de glucosa a los músculos esqueléticos.


Esta serie de respuestas define la conocida reacción de ataque/huida, ideal para las emergencias que pueden ser resueltas con un episodio de acción enérgica. En términos evolutivos, el mecanismo para este tipo de acción ha hecho un buen servicio a la especie, pues ha ayudado a los humanos a sobrevivir en confrontaciones inesperadas con depredadores o con otros humanos hostiles. La capacidad de alzarse con energía y ner­vio, con un sentimiento de fuerza y seguridad para enfrentarse a un reto, de concentrarse únicamente en el aquí y ahora para enfrentarse a un pe­ligro ha demostrado ser muy adaptativa.


Pero este valor adaptativo ha quedado comprometido en la sociedad moderna. Por regla general, las amenazas de peligro ya no pueden resol­verse mediante el asalto directo o la huida espontánea. Las consecuen­cias adversas del gas radón en la vivienda, por ejemplo, no pueden eliminarse mediante la acción física instantánea, por mucha energía que el cuerpo acapare para enfrentarse a una aparente emergencia. Tampoco nos sirven de mucho las estrategias de ataque y huida a la hora de enfrentamos a problemas como los impuestos o el calentamiento global. Pero probablemente lo más importante es que la sociedad impone san­ciones para restringir, con penalizaciones, la resolución de los conflictos comunes por medio de acciones violentas o evasivas. No es aconsejable que cuando un conductor negligente nos abolla el coche, lo golpeemos en un ataque de rabia; del mismo modo, cuando alguien debe a su excónyuge la manutención para los hijos, escapar impulsivamente del país no suele ser una solución factible. Todos estos casos de provocación y frustración activan, no obstante, las estructuras arcaicas del cerebro para iniciar reacciones enérgicas, por mucho que estas reacciones hayan per­dido su utilidad en la mayoría de las situaciones. Esto a menudo pro­mueve una cólera irresistible y desencadena una acción violenta que, sin embargo, no sirve para eliminar la causa de la emoción.
Para comprender las emociones de miedo y cólera conviene reconocer su función inicial tanto como su más reciente disyunción. La función inicial era doble: abastecer la energía necesaria para una acción rápida y enfocar la atención en el aquí y ahora de la acción. Estas dos respuestas, denominadas impulsividad de acción y déficit cognitivo, todavía caracterizan nuestros ataques de cólera y rabia. La primera insta a la acción agresiva con inde­pendencia de la eventual utilidad de la acción; la segunda, a causa de la ocu­pación cognitiva en la situación inmediata, hace que el individuo descuide las ¡aplicaciones no inmediatas de su acción. Este deterioro del control cognitivo, que deja a las personas ciegas a las consecuencias de sus acciones violentas, incapacita a la persona lo bastante como para que se considere una forma de demencia temporal mitigante de la responsabilidad.


La propensión a cometer actos de violencia destructivo sin duda resi­de en todos nosotros. Las amenazas de perjuicios y envilecimiento incitan reacciones que, a niveles extremos, conducen irremisiblemente a conductas incontroladas, ¡repulsivas y agresivas. Los residuos de frustra­ciones inconexas y los desafíos de la vida diaria a menudo entran en nuestra reacción ante circunstancias específicas. Puesto que la cólera puede ser alimentada por distintas fuentes de estimulación, a menudo ocurre que desacuerdos aparentemente sin importancia acaban degene­rando en furia y conflictos violentos.


Hasta el momento hemos considerado la influencia -en ocasiones disfuncional- de las estructuras arcaicas del cerebro. Ahora nos ocuparemos de la influencia de las nuevas estructuras que nos separan de las otras especies: el neocórtex, con sus poderes de asociación, anticipación e inferencia.


La mayoría de los investigadores de la agresión abraza la teoría de que la racionalidad superior que nos proporciona el neocórtex es el antídoto contra la violencia y ve en la racionalidad la panacea para todas las bajas compulsiones humanas. Sin duda la racionalidad puede impedir las explosiones de cólera, y a menudo lo hace. Pero incluso un somero aso de los registros de violencia impulsivo y destructivo muestra que, cuando se trata de prevenir la violencia, a menudo nos falla la razón.


Lo que es más importante, la racionalidad no sólo no nos ofrece un antídoto efectivo contra la violencia, sino que es la causa directa de una nonne proporción de la violencia perpetrada por unos humanos contra otros. Es nuestra capacidad de razonar la que nos dice que apoderarse de las posesiones ajenas por la fuerza y de modo que se minimicen o eviten enteramente las repercusiones es una fórmula para el éxito. Es así que nos aprovechamos de nuestra capacidad de anticipación para tramar es­trategias que saquen beneficio de la violencia. Y esto no sólo pone a cada individuo en riesgo de coaccionar a otros por medio de la violencia, sino que también inspira la violencia organizada y la guerra.


La agresividad humana no recibe únicamente la ayuda de nuestra su­perior capacidad de anticipación y de las estrategias que ésta nos permite urdir, sino que se ve impulsada por lo que algunos consideran la forma más elevada de racionalidad: el razonamiento moral. Los conceptos morales de equidad y castigo justo constituyen importantes fuentes de agre­sión. Los agravios comparativos en materia de justicia social que nos si­túan en el extremo más pobre en recompensas pese a haber invertido esfuerzos comparables son exasperantes e instigan a la agresión. La viola­ción de nuestro sentido de la justicia exige represalias. Si se nos agravia, clamamos venganza. El deseo de tomar represalias para enmendar entuer­tos conduce frecuentemente a conflictos interpersonales. Las guerras sue­len entablarse cuando alguien convence a la población de que las humilla­ciones pasadas no pueden dejarse impunes. En ocasiones, incluso la consumación de la más vil de las atrocidades se interpreta y defiende como un mandato moral, generalmente por referencia a una autoridad divina.


Así pues, el mismo neocórtex que nos permite reconocer las lacras sociales y los peligros globales de la violencia nos proporciona razones y vías de agresión nuevas y exclusivamente humanas. Tanto la meticulo­samente razonada concepción de estrategias de agresión eficaz como la justificación moral de la agresión son aspectos que no se encuentran en ninguna otra especie. Estos motivos para la agresión nos separan del res­to de los animales. Al mismo tiempo, no obstante, compartimos todavía con los primates y otras especies los motivos para la agresión que residen en las estructuras arcaicas de nuestro cerebro trino.


DOLF ZILLMANN Profesor distinguido de la cátedra Burnum de Psicología y Ciencias de la Información en la Universidad de Alabama

viernes, 29 de febrero de 2008

Cerebro y mente




Un poco de historia



Es posible que a la pregunta de en donde se produce el pensamiento, la mayoría de gente responda correctamente que en el cerebro. Muchos dudarían sobre si es en el cerebro o en el corazón donde asientan nuestros sentimientos: amor, odio, pasión, temor, etc. Probablemente muchos otros no se han parado a pensar que enfermedades como la depresión o las fobias, o que determinadas conductas anormales surgen como consecuencia de alteraciones cerebrales. Puesto que en este órgano se desarrollan funciones tan importantes, algunas exclusivas del ser humano, creo que merece la pena tratar en mayor extensión la relación entre cerebro y mente.


Las ideas que tenemos en la actualidad son en parte ideas heredadas del pasado. Algunas nos confunden. Por ello quisiera empezar con algo de historia. Para los que no les gusta la historia les diría que esta no sólo nos da explicaciones de lo que hemos llegado a ser, sino también de como nos verán los que van a ser.


Para los egipcios, los hebreos y los mesopotámicos e incluso para Homero el corazón era la fuente de vida, el que entrañaba los sentimientos y la inteligencia.


Para los presocráticos, entre los siglos VII al V antes de nuestra era, no existía una clara división entre materia y espíritu. Los elementos agua, aire, fuego y tierra constituían todo el mundo. Demócrito introdujo el concepto de átomos y pensaba que el cerebro podía ser el "guardián de la inteligencia".


Los médicos hipocráticos descubrieron que determinadas lesiones cerebrales llevaban consigo cambios de comportamiento.


Platón separó el alma en tres partes: intelectual, irascible y concupiscible. La primera la colocó en la cabeza y le atribuía a esta la inmortalidad y la une con las otras dos mortales a través de la médula espinal.


Aristóteles afirmaba que el corazón era la sede de las sensaciones de las pasiones y de la inteligencia. El cerebro compuesto de agua y tierra no tiene otro papel que refrigerar el organismo. Estos conceptos indujeron errores médicos durante muchos siglos.


Galeno 500 años después, se interesó por las cavidades de los cerebros y pensó que las lesiones cerebrales debían de llegar hasta ellas para ser graves. Tanto para Platón como para Galeno el alma estaba en el cerebro, pero el concepto alma era muy impreciso.


Las disecciones de cadáveres dejaron de ser abyectas a partir de 1500 y Leonardo da Vinci, el mismo que pintó La Gioconda, empieza a dibujar el cerebro.


Descartes entendía que la unión entre el alma inmortal con el cuerpo ocurría a través de la glándula pineal, que está situada en el medio del encéfalo.


En pleno siglo XIX surge la frenología con Gall como máximo exponente. Propone localizar una serie de facultades morales e intelectuales en determinadas áreas cerebrales. El método que sigue es la palpación del cráneo. Así analiza los cráneos de criminales y hombres célebres y trata de establecer un mapa.


La anatomía clínica da un gran salto desde 1900, con Bouillaud y Broca. Brodman en 1909 divide la corteza del cerebro en 52 áreas, con un número y una función para cada una.


El investigador más importante que ha dado España es Santiago Ramón y Cajal. A él se le debe el mérito de descubrir que el cerebro no es una red intrincada de filamentos, si no que está formado por millones de unidades elementales que se denominan neuronas. Las neuronas están comunicadas entre sí por unos espacios que se denominan sinapsis. En ellos ocurre la curiosa circunstancia de que un impulso eléctrico se convierte en química. La química se puede modificar con medicamentos; química también.


El fundador de la moderna neurología es el francés J.M. Charcot. A través del estudio de los pacientes del asilo de L Salpetriére en París, correlacionándolo con los hallazgos en el cerebro en la autopsia, consiguió establecer los fundamentos de la correlación clínico- patológica. Un método deductivo que nos permite localizar la lesión de los enfermos mediante la exploración física y que seguimos utilizando los neurólogos de forma sistemática.


Con este breve resumen histórico quiero dar a entender que la mayoría de conocimientos científicos que tenemos sobre el cerebro son de este siglo. Por tanto estamos ante una ciencia joven.

martes, 19 de febrero de 2008

La libertad de no actuar





Neurología

Area Cerebral Responsable del Autocontrol
20 de Septiembre de 2007.

El área del cerebro responsable del autocontrol está separada del área asociada con la toma de acciones, según una nueva investigación. Los resultados esclarecen un aspecto muy importante del control cerebral de la conducta: la capacidad de decidir no hacer una cosa después de haber desarrollado la intención de hacerla. A este mecanismo psicológico se le podría definir como la libertad de no actuar, en contraposición a la libertad de actuar.


Es muy importante identificar los circuitos que habilitan la libertad de no actuar, debido a los muchos trastornos psiquiátricos en los cuales los problemas de autocontrol tienen un papel prominente, desde el déficit de atención hasta la drogodependencia, la ludopatía y otros problemas de personalidad.


Los hallazgos amplían el conocimiento de las bases neuronales de la toma de decisiones, y pueden ayudar a explicar por qué algunos individuos son impulsivos mientras que otros son renuentes a actuar.


Marcel Brass, del Instituto Max Planck para las Ciencias Humanas Cognitivas y del Cerebro y de la Universidad de Gante, y Patrick Haggard, del University College de Londres, usaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para estudiar la actividad del cerebro de participantes que oprimían un botón en momentos escogidos por ellos. Los investigadores compararon datos de estos experimentos con resultados de cuando los participantes se preparaban para oprimir el botón y decidían cancelar la acción.


A quince participantes, ninguno zurdo, se les pidió oprimir una tecla en un teclado, así como escoger algunas ocasiones en las que se detuvieran justo antes de apretarla. Los participantes también indicaron en un reloj el instante en que se propusieron oprimir la tecla, y, si era el caso, el momento en que decidieron contenerse. Cuando Brass y Haggard compararon imágenes obtenidas por fMRI de los dos escenarios, encontraron que la cancelación de la decisión generaba actividad en el área dFMC, una zona en la línea media del cerebro, localizada directamente sobre los ojos, que no mostraba actividad cuando los participantes proseguían con la acción. Además, aquellos que escogían detener la acción intencionada más a menudo mostraban mayor contraste en la actividad de la dFMC.


La capacidad de detener una acción que ya hemos preparado pero luego reconsiderado es una distinción importante entre la conducta inteligente y la impulsiva, y también entre el Ser Humano y otros animales.


En estudios futuros, se emplearán métodos con una mayor resolución cronológica, como el EEG, para determinar si el proceso inhibitorio podría operar en el breve período de tiempo entre el momento de la intención consciente y el punto de no retorno para la acción motora.





miércoles, 13 de febrero de 2008

Cerebro y Amor







NEUROBIOLOGIA : CONSENSO ENTRE VARIOS CIENTIFICOS ESPECIALIZADOS EN NEUROCIENCIAS

La ciencia ya sabe en qué región del cerebro se manifiesta el amor

A través de varios estudios, lograron ver qué lugares se activan cuando una persona ve la foto del ser amado. En el mecanismo interviene el sistema de recompensa, el mismo de algunas adicciones.


Carne de la palabra, carne del silencio. Mi paz, mi ira. Boca. Tu boca enmudece mi boca". Caetano Veloso sabe del amor y lo hace canción. En el comienzo de la importada semana de San Valentín, las reflexiones, poemas, y mil y una referencias sobre ese sentimiento prometen inundar los kioscos con chocolates en forma de corazón y, tal vez, inquietudes por saber algo más sobre este fenómeno que ayuda, entre otras cosas, a perpetuar la especie.

A la ciencia también le interesa, y hace una salvedad: llama "amor romántico" al que se celebra en el Día de los Enamorados. A través de una disciplina conocida como "la ciencia del amor"; de una forma de abordarlo, la neurobiología del amor, y hasta de un instituto de investigación, en Ohio, Estados Unidos, dedicado a estudiar el "amor sin límites", identifica qué mecanismos están conectados en el cerebro para que se produzca.

"El amor es una experiencia que involucra masivamente los sistemas cerebrales de recompensa. En los últimos años, a través de estudios con resonancia magnética funcional, se observó que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban áreas que pertenecían al sistema de recompensa cerebral, que contiene una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina", comenta Facundo Manes, neurobiólogo, director de los institutos de Neurología Cognitiva y de Neurociencias de la Fundación Favaloro (ver Infografía).

En esos estudios, hechos a través de resonancias magnéticas funcionales, se tomó grupos de voluntarios y se les mostró las fotos de su ser amado. Así observaron qué regiones de sus cerebros se veían más activas y cuáles no.

"Hay trabajos como los del neurobiólogo británico Semir Zeki que identificaron la activación de áreas cerebrales que parecen específicas para ese sentimiento. Zeki, en relación al amor romántico, habló de una activación de la corteza cingulada anterior, de la corteza prefrontal derecha y la corteza temporal de los dos hemisferios", confirma —vía e-mail— a Clarín Franciso Mora Teruel, científico de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro "Los laberintos del placer en el cerebro humano".

¿Para qué sirve saber esto? Puede explicar, por ejemplo, por qué el amor es ciego. Durante varios estudios se pudo ver que, paralelamente a esa activación, ocurría una desactivación de los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas y de la evaluación social. Consecuencia: "El fuerte lazo emocional de una persona inhibe las emociones negativas y afecta el circuito neural involucrado en realizar un juicio social sobre otra persona", concluye Manes. Quiere decir que cuando alguien gusta (mucho, pero mucho) de alguien sólo lo juzga por sus aspectos positivos; los negativos ¡se esfuman!

"En el estado de enamoramiento —el que ocurre en el comienzo de una relación y dura tal vez unas pocas semanas— hay zonas del cerebro que se activan específicamente", remarca Diego Golombek, biólogo, autor de "Sexo, drogas y biología". Y en cuanto a los elementos que participan, señala: "No sólo de neuronas vive el cerebro enamorado, también son fundamentales las sustancias con las que estas células se comunican, los neurotransmisores, así como las hormonas que las bañan y modulan su actividad".

Se descubrió, agrega Golombek, que neurotransmisores como la dopamina y la serotonina están relacionados con las emociones románticas, así como las hormonas oxitocina o vasopresina tienen que ver con la fidelidad y las ganas de quedarse con alguien. Pero eso sería otra nota.

Para Alex Tobeña, psiquiatra y catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, esos neurotransmisores son fundamentales. "Enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir la pareja", reflexiona vía e-mail. En su libro "El cerebro erótico" explica el correlato fisiológico entre algunas señales propias del enamoramiento con lo que ocurre en el cuerpo, especialmente en el cerebro. Y se anima a hacer "predicciones" llamativas (ver ¿Y qué se conoce...).

Hay que remarcar que cuando se habla del amor, el romántico, el de las mariposas en el estómago, Cupido, San Valentín y gran parte de las producciones hollywoodescas, los enfoques para abordarlo pueden ser variados. "Las manifestaciones afectivas o emociones, entre las que están el amor, la alegría, la ira, el miedo, tienen un componente psicológico y otro físico expresado; éste último, a través de cambios somáticos y viscerales", le remarca a Clarín el neurobiólogo Roberto E. Sica, jefe de la División Neurología del hospital Ramos Mejía.

No todo es hormonal o una buena logística entre neurotransmisores. En el amor, se sabe, hay otros misteriosos ingredientes.

lunes, 28 de enero de 2008

Las ideas creativas nacen del subconsciente




Un estudio neurológico muestra cómo ayudar al cerebro a tener grandes ideas


Una concentración excesiva bloquea la mente; los científicos aconsejan abstraerse Los científicos abogan por dejar el cerebro que procese datos a nivel subconsciente


Josep Corbella Barcelona 23/01/2008


Si son ustedes el tipo de personas que tienen sus mejores ideas en la ducha como Woody Allen, o en la bañera como Arquímedes, o si son víctimas de uno de esos jefes que vuelven de vacaciones cargados de nuevos proyectos, un equipo científico de las universidades de Londres y Viena tiene una explicación que ofrecerles: las mejores ideas, las más originales y creativas, no se encuentran concentrándose a fondo en un problema; al contrario, un exceso de concentración bloquea la mente, según datos de una investigación presentada ayer en la revista científica Plos One; lo más útil, para tener una buena idea, es abstraerse y dejar que el cerebro reorganice pensamientos a nivel subconsciente. Y de las áreas del cerebro que procesan información a nivel subconsciente, surgirá sin previo aviso esa sensación de "eureka, ya lo tengo, voy a empezar hablando de Woody Allen y Arquímedes, y de paso voy a meterme con el jefe".


"Centrarse en el problema es importante, pero concentrarse demasiado es perjudicial porque puede bloquearnos", explica Joydeep Bhattacharya, de la Universidad de Londres, por correo electrónico. "El pensamiento creativo relaciona ideas que no tienen conexión aparente entre ellas. Este tipo de relación raras veces puede forzarse de manera consciente".


En la investigación han participado 21 voluntarios que se han prestado a que se les hicieran electroencefalogramas mientras intentaban resolver problemas. Las soluciones no se podían encontrar por deducción sino que requerían inspiración. En la mayoría de casos, los voluntarios llegaron a un punto en que pensaron que no resolverían el problema antes de dar con la solución.


Los electroencefalogramas revelan que, durante este estado de bloqueo mental, hay una gran actividad de ondas gamma en la región posterior del cerebro. Estas ondas se asocian a la atención selectiva consciente, que limita la capacidad de analizar un problema desde perspectivas distintas. Pero aquellas personas que fueron capaces de relajar estas ondas gamma y liberar en otras áreas regiones del cerebro ondas alfa -asociadas a estados mentales más relajados- acabaron encontrando las soluciones.


Los resultados, según Bhattacharya, pueden ayudar a mejorar el rendimiento en profesiones creativas y a mejorar la educación en las escuelas. "Debería potenciarse más la parte inconsciente del procesamiento de información en el cerebro", afirma.

martes, 22 de enero de 2008

Medio segundo para pasar del inconsciente al consciente




El presente es inalcanzable para el cerebro


El tiempo de nuestra percepción está atrasado medio segundo respecto al tiempo real de los acontecimientos


El cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre, ya que el tiempo de nuestras percepciones está retrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real. Así lo explica el neurólogo de California Benjamín Libet en su nuevo libro “Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness”, que suscita nuevos interrogantes sobre los mecanismos de la conciencia. Libet ha constatado que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por una persona, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora. Por Eduardo Martínez.

Nuestro cerebro necesita medio segundo de tiempo para que un estímulo pase del inconsciente al consciente, según ha descubierto el neurólogo de la Universidad de California Benjamín Libet. Según sus investigaciones, adquirimos conciencia de la realidad con cierto retraso respecto a la velocidad de los acontecimientos, tan sólo una vez que ha transcurrido medio segundo.


Para Benjamín Libet, por ello no tenemos ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre. Lo explica en su nuevo libro Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness, del que Stephen M. Kosslyn ha realizado un interesante extracto. La obra constituye una presentación de los últimos trabajos de Libet sobre los mecanismos de la conciencia.


En uno de sus experimentos, Libet puso electrodos sobre el córtex somatosensitivo de pacientes despiertos. El córtex somatosensitivo es la región del cerebro sobre las que circulan las informaciones sensoriales registradas a lo largo del cuerpo. Puede consultarse al respecto el trabajo de Kulisevsky La organización del movimiento: estructura y función de los ganglios basales.


Con la ayuda de una débil corriente eléctrica, Libet provocó sensaciones en la superficie de la piel de los pacientes cuya duración temporal variaba deliberadamente. Comprobó que si disminuía la duración de los impulsos eléctricos, los pacientes percibían cada vez menos esta agresión y que por debajo de las 500 milésimas de segundo, no se enteraban de nada de lo que ocurría sobre su piel.


No hay conciencia sin tiempo


Su conclusión es que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por un sujeto, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido sobre la piel no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.


No es la primera vez que Benjamin Libet sorprende con sus descubrimientos sobre la conciencia. Anteriormente había demostrado también que nuestro cerebro toma las decisiones casi un segundo antes de que las asumamos conscientemente. Esta constatación ha llevado a algunos científicos, como Wolf Singer, a dudar de la real existencia del libre albedrío.


Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de cirugía cerebral. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba electrónicamente su actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que hay un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.


Roger Penrose, en su obra La Nueva Mente del Emperador (1989), ya describía dos experimentos que tienen que ver con el tiempo que necesita la conciencia para actuar y ser activada. El primero de estos se refería al papel activo de la consciencia y el segundo a su papel pasivo.


La decisión necesita un segundo


El primero de los experimentos descrito por Penrose fue realizado por Kornhuber en 1976. Unos voluntarios permitieron que se registrasen las señales eléctricas en un punto de sus cabezas (electroencefalogramas), y se les pedía que flexionaran varias veces, y repentinamente, el dedo índice de sus manos derechas a su capricho.


La experiencia descubrió algo curioso: hay un aumento gradual del potencial eléctrico registrado por el cerebro durante un segundo entero, y hasta un segundo y medio, antes de que el dedo sea flexionado. Esto parece indicar que el proceso de decisión consciente necesita un segundo para actuar.


El segundo experimento al que se refiere Penrose es al de Benjamin Libet, según el cual cuando se aplica un estímulo sobre la piel de los pacientes, transcurre aproximadamente medio segundo antes de que sean conscientes de dicho estímulo.


Para Penrose, de ambos experimentos se desprende que el tiempo de nuestras "percepciones" está atrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real de los acontecimientos. Es decir, aparentemente, el reloj interno de cada uno de nosotros está arasado medio segundo respecto a la velocidad real de los acontecimientos.

Cuestión de amígdalas o de neocorteza


Para Penrose, la conclusión de estos dos experimentos considerados en conjunto es que la conciencia no puede reaccionar a una agresión externa si la respuesta tiene que tener lugar en menos de dos segundos.


Hay una posible explicación de esta manera de proceder de la conciencia, ya que cuando el cerebro recibe un estímulo, a través de cualquiera de los cinco sentidos, lo registra en dos lugares: uno es en la amígdala y el otro es en la neocorteza.


La amígdala es el área con forma de almendra que se encuentra en el cerebro. Es la encargada de recibir las señales de peligro potencial y la que desencadena una reacción capaz de salvar la vida. La amígdala es por tanto la primera región del cerebro en recibir un mensaje. Es muy rápida y en un instante indica si debemos atacar, huir o detenernos.


La neocorteza, capa cerebral externa en la que se llevan a cabo funciones superiores como la planificación, el razonamiento y el lenguaje, está más lejos que la amígdala y recibe los mensajes sensoriales más tarde, pero, a diferencia de la amígdala, tiene mayores poderes de evaluación, y se detiene a considerar más cosas. Además, la neocorteza se comunica con la amígdala para ver qué opina antes de reaccionar.


El presente sólo dura tres segundos


Dado que el 95 por ciento de los estímulos que recibimos llegan directamente a la neocorteza y sólo un cinco por ciento van directos a la amígdala, el retraso que experimenta la conciencia en registrar las sensaciones corporales y en reaccionar puede estar relacionada con la fase de evaluación que necesita la amígdala.


En cualquier caso, los trabajos de Libet consolidan las investigaciones sobre los mecanismos de la conciencia y el papel que desempeña el factor tiempo en los procesos cerebrales.


Otras investigaciones, realizadas tanto con europeos como con indios yanomanis y bochimanos, han establecido a su vez una constatación universal: que el presente dura tres segundos para todas las personas.


Tres segundos es el lapso de tiempo que necesitamos para distinguir sucesivos impactos sonoros o lumínicos, para guiñar un ojo o para cualquier movimiento corporal. Todo lo demás que añadimos, bien que una experiencia cualquiera se nos hace larga o corta, son sólo sensaciones que no tienen que ver con nuestra conciencia del presente.


Para la mayoría de las personas, en menos de tres segundos es imposible percibir nada y a partir de ese período de tiempo, el mundo cobra realismo para la conciencia humana. Un ingrediente más a tener en cuenta a la hora de valorar los experimentos de Libet.